Los amigos italianos, una vez acabada su permanencia en San Petersburgo y, por lo tanto, en URSS parten con destino a Helsinki, capital de Finlandia.
Viaje de vuelta hacia Italia en 1972
Por la tarde pasan por la frontera situada cerca de la ciudad de Kondratievo que les llevaría hasta Helsinki.
Tanto el día siguiente como también el sucesivo lo destinan a la visita de la ciudad. Además, durante esos días, planifican el viaje por el Báltico: tres días de nacegación en ferri, con parada incluida en Copenhagen, y consecuente visita, que les dejaría en Alemania (Lubeck). Desde allí, utilizando las autopistas alemanas, volverían a Italia.
Ya entramos en el penúltimo episodio. Los viajeros, terminan su permanencia en Moscú, con la participación durante dos días en el Congreso Internacional al que tenían que asistir en la Universidad de Moscú Lomonosov.
La mañana del día 11 de agosto de 1972 empiezan su viaje hacia Leningrado, como entonces se llamaba la actual San Petersburgo.
El programa, estructurado por los viajeros, preveía, entre otras cosas:
Los tres viajeros continúan la visita por la ciudad de Moscú. Van por la mañana a la piscina pública, una instalación grande en donde se practican deportes náuticos.
El mismos día por la tarde visitan la exposición de las conquistas de la URSS en el espacio, donde pueden ver, entre otras cosas, la nave espacial en la que Yuri Gagarin dio la vuelta a la tierra, siendo el primer hombre enviado a la órbita espacial.
Fueron a hacer compras en una de las tiendas Beriozka en la que se pagaba sólo con moneda extranjera. Después de la cena fueron al Teatro Bolshói para asistir a un espectáculo de balllet.
En el sexto episodio nuestros amigos decidieron dedicar un poco de tiempo para ver a pie el centro de Moscú y conocer la vida de los ciudadanos. Visitaron las principales estaciones de metro de Moscú, conocidas en todo el mundo por su arquitectura y muy utilizadas por los moscovitas.
Por la tarde fueron a visitar la torre comunicaciones (Torre Ostankino) soviética que medía tanto como la Torre Eifel.
Volviendo al hotel encontraron un joven italiano que les dijo qué tenían que hacer para conocer chicas rusas. Siguiendo el consejo del nuevo amigo, fueron a cenar al restaurante Harbat, uno de los mejores de Moscú, donde tuvieron una anécdota inolvidable.
Llegados
a Moscú, al hotel Bucarest, al atardecer los amigos viajeros tienen su
primera toma de contacto con los restaurantes soviéticos.
Surtidor de gasoline de 90 octanos
Al
día siguiente pasan la mañana buscando un distribuidor de gasolina con
número de octanos idóneo para su coche. Al final lo encuentran y llenan
el depósito.
Más tarde visitan
la Plaza Roja y el Mausoleo de Lenin y, por primera vez, se enfrentan a la realidad de la sociedad. En concreto, a las colas que los
ciudadanos soviéticos tienen que hacer en diferentes situaciones.
Terminados los controles en la frontera, los viajeros entran rápidamente en la frontera de Brest para comprar algo de comer ya que eran las cuatro de la tarde y aún no habían desayunado ni comido nada. Encontraron sólo pan y salame seco y por lo tanto ese tendrá que ser el almuerzo.
Comida en el coche con pan y salame durante el viaje de Brest a Moscú
Viajan por una carretera ancha, recta y en buenas condiciones entre bosques de abedules. El tráfico era muy escaso. Durante el trayecto desde Brest hasta Minsk un oficial del ejercito ruso en uniforme los paró para pedirles si podían llevarlo a Minsk. Así, con un "guía" que conocía la ciudad, llegaron a Minsk a las once de la noche sin demaisados problemas, aunque se quedaron sin cenar.
Trabajadoras en camión volviendo a sus casas después del trabajo
Al día siguiente, al no poder entrar en ninguno de los pueblos que se veían a los lados de la carretera, arriesgaban con saltar otra vez el almuerzo.
Por suerte, de camino a Moscú, encontraron un restaurante al lado de la carretera en el que fueron huéspedes durante la comida de unos novios que lo habían alquilado para celebrar su boda.
Una vez fuera del restaurante, que estaba situado cerca de la carretera porque se encontraba en los alrededores de la ciudad de Smolesnk, llegaron a Moscú, al hotel Bucarest al atardecer.
En el capítulo anterior habíamos dejado a los tres viajeros mientras llegaban a la frontera polaco soviética de Brest. Aparcados en una explanada ancha, tuvieron que esperar un par de horas ya que las oficinas de la aduana, a causa del almuerzo de los funcionarios estatales soviéticos, estaban cerradas hasta las 14.00. Puntuales, a las dos de la tarde, volvieron a abrir las oficinas de la aduana y tanto el coche como los pasajeros pasaron los debidos controles aduaneros.
A las cuatro de la tarde, después de una breve parada en Brest para comprar algo de comer, continuaron su viaje hacia Minsk.